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De medir emisiones a contabilizar el carbono: el nuevo desafío de la información climática

La participación del expresidente de Colombia, Iván Duque,  en la nueva iniciativa de ICC y Carbon Measures pone sobre la mesa una discusión que puede transformar la manera en que las empresas gestionan el carbono: ¿estamos preparados para pasar de la huella corporativa a una verdadera contabilidad del carbono a nivel de producto?

El 17 de septiembre de 2026, la International Chamber of Commerce (ICC) y Carbon Measures anunciaron que el expresidente colombiano Iván Duque Márquez asumirá la presidencia del nuevo Technical Expert Panel Advisory Group on Carbon Accounting, creado para acompañar y ampliar el trabajo del Technical Expert Panel (TEP) sobre contabilidad de carbono.

Pero el nombramiento es solamente la puerta de entrada a algo mucho más relevante.

El TEP está trabajando en el desarrollo de un sistema global de contabilidad de emisiones basado, conceptualmente, en principios de la contabilidad financiera y orientado a producir información de carbono a nivel de producto, a lo largo de las cadenas de valor.

 

De la huella corporativa al carbono incorporado en cada producto

Durante las últimas décadas, la evolución de la gestión climática empresarial ha seguido una trayectoria relativamente clara.

Primero, las organizaciones comenzaron a medir sus emisiones directas. Después llegaron los inventarios de Scope 1, Scope 2 y Scope 3, junto con estándares, metodologías y marcos de reporte que permitieron estructurar la información corporativa.

El siguiente desafío fue hacer visible la cadena de suministro.

Pero existe una limitación estructural: un inventario corporativo puede decirnos cuánto carbono está asociado con una organización, pero no necesariamente cuánto carbono está asociado con cada producto que esa organización fabrica, transforma o comercializa.

Esto adquiere especial relevancia cuando un producto atraviesa múltiples empresas y jurisdicciones antes de llegar al consumidor final.

Pensemos en una tonelada de acero. Su intensidad de carbono puede depender de la tecnología utilizada, la fuente de electricidad, los insumos, el proceso productivo, las materias primas, los límites del sistema considerados y las reglas metodológicas aplicadas.

Dos productos físicamente equivalentes pueden, por tanto, presentar intensidades de carbono significativamente diferentes.

Si el mercado no dispone de información suficientemente granular, comparable y verificable, esa diferencia puede quedar oculta.

El resultado es un problema económico, no solamente ambiental:

el mercado tiene dificultades para distinguir entre un producto intensivo en carbono y otro producido con menores emisiones.

Carbon Measures plantea precisamente que uno de los déficits actuales está en la ausencia de una arquitectura suficientemente integrada para generar información de carbono comparable a nivel de producto y hacerla circular a través de las cadenas de valor.

¿Qué significa realmente una contabilidad de carbono basada en un “ledger”?

Aquí aparece uno de los elementos técnicamente más interesantes de la iniciativa.

El concepto de ledger-based carbon accounting toma como referencia determinados principios de la contabilidad financiera.

En términos simplificados:

así como la contabilidad financiera permite seguir el origen, asignación y movimiento de un valor económico dentro de una organización y entre entidades, un sistema de contabilidad de carbono buscaría seguir la generación, asignación y transferencia de las emisiones asociadas con los productos a través de la cadena de valor.

La diferencia es fundamental frente a una aproximación basada exclusivamente en factores promedio.

El objetivo planteado por el TEP es que cada tonelada de emisiones sea contabilizada una sola vez y atribuida correctamente en cada etapa de la cadena de valor. El sistema debería generar información accurate, transparent, verifiable and timely, y permitir que la información de carbono acompañe al producto.

Esto abre una posibilidad particularmente relevante:

pasar de estimar el carbono de una cadena de suministro a poder intercambiar información de carbono como parte de una transacción.


No se trata de reemplazar el GHG Protocol ni Scope 3

La iniciativa de ICC y Carbon Measures no plantea sustituir el GHG Protocol, ISO ni los sistemas actuales de reporte corporativo.

La propia documentación del TEP señala que la contabilidad a nivel de entidad continuará siendo esencial para disclosure corporativo, gestión de riesgos y cumplimiento regulatorio.

El objetivo es complementar esos sistemas mediante información de producto que permita reducir la dependencia de promedios y estimaciones y mejorar la calidad de los datos utilizados en las distintas categorías de emisiones.

Carbon Measures es explícito en este punto: el nuevo enfoque no pretende reemplazar Scope 3, sino resolver una necesidad diferente: generar información de carbono de producto consistente y comparable que pueda utilizarse para diferenciar productos y apoyar decisiones empresariales y regulatorias.

Esto permite visualizar una posible evolución:

Corporate footprint → Scope 3 → product carbon data → transaction-level information

No es una sustitución. Es una progresiva granularización de la información.


¿Por qué esto importa tanto para Scope 3?

Porque una parte importante del problema de Scope 3 no está necesariamente en la ausencia de metodologías. Está en la calidad y disponibilidad de los datos primarios.

Muchas organizaciones todavía dependen de:

  • Factores de emisión promedio;
  • Datos secundarios;
  • Información sectorial;
  • Estimaciones de proveedores;
  • Spend-based methods;
  • Proxies;
  • Supuestos sobre procesos productivos;
  • Información que no está disponible de manera suficientemente oportuna.

Esto genera una paradoja.

Las empresas están invirtiendo cada vez más recursos en calcular emisiones de su cadena de valor, mientras que buena parte de la información fundamental sigue siendo estimada.

Una arquitectura de información de producto podría cambiar progresivamente esta dinámica.

Si un proveedor puede entregar información verificable sobre la intensidad de carbono de un producto específico, el comprador podría incorporar ese dato directamente a su sistema de gestión de emisiones.

El beneficio potencial no sería solamente ambiental.

También podría reducir:

Estimaciones → Incertidumbre → Reprocesamiento → Conciliaciones → Trabajo manual.

Y transformar la gestión de Scope 3 desde un ejercicio predominantemente retrospectivo de reporting hacia una herramienta más útil para procurement, diseño de producto, selección de proveedores y toma de decisiones operativas.


El verdadero desafío: que el carbono se convierta en información económica útil

Aquí aparece una segunda dimensión del debate. La contabilidad de carbono no tiene valor solamente porque permite reportar toneladas de CO₂e. Tiene valor cuando esa información puede cambiar decisiones.

Imaginemos dos proveedores capaces de entregar el mismo componente industrial.

Uno tiene una intensidad de carbono de X kgCO₂e/unidad.

El otro, Y.

Si la metodología, los límites, los datos y la verificación son comparables, la variable carbono puede incorporarse progresivamente a una decisión que tradicionalmente ha considerado:

Precio + Calidad + Disponibilidad + Desempeño + Riesgo.

Y eventualmente:

Precio + Calidad + Disponibilidad + Desempeño + Riesgo + Carbono.

Esto podría tener implicaciones para procurement, diseño industrial, financiación, seguros, comercio internacional y competitividad.

La propia ICC señala que una información de carbono de producto confiable podría facilitar su utilización en trading, financing and insurance, además de apoyar políticas públicas y mecanismos de mercado.

En otras palabras:

El carbono empieza a comportarse menos como una variable exclusivamente de reporting y más como una variable económica del producto.


CBAM es una señal de hacia dónde se mueve el problema

La evolución del Carbon Border Adjustment Mechanism europeo ayuda a entender por qué esta discusión está adquiriendo importancia.

El debate internacional está pasando progresivamente de:

¿Cuántas emisiones tiene esta empresa?

a preguntas mucho más específicas:

¿Cuál es la intensidad de carbono de este producto?

¿Cómo fue calculada?

¿Qué parte corresponde a emisiones directas e indirectas?

¿Puede verificarse?

¿Es comparable con la información de otro productor?

Carbon Measures señaló recientemente que el desarrollo de nuevas orientaciones relacionadas con CBAM, junto con su Landscape Review, está reforzando la importancia de la estandarización, comparabilidad y contabilidad de carbono a nivel de producto.

Esto no significa que el sistema propuesto por ICC y Carbon Measures sea actualmente una regulación internacional.

No lo es.

El Technical Expert Panel todavía está desarrollando principios, alcance y aplicaciones potenciales.

Pero la dirección tecnológica y metodológica resulta significativa.


El problema no es solamente medir: es asignar correctamente

Existe además una dificultad técnica de fondo. Medir emisiones de un proceso individual puede ser relativamente sencillo. Asignarlas correctamente cuando existen múltiples productos, coproductos, insumos compartidos, procesos circulares y flujos entre empresas es considerablemente más complejo.

El propio trabajo del TEP identifica cuestiones todavía abiertas alrededor de temas como:

  • Circular flows;
  • Capital goods;
  • Tratamiento consistente de removals;
  • Asignación de emisiones;
  • Límites del sistema;
  • Transferencia de información entre empresas;
  • Assurance y attestation;
  • Gobernanza de los datos.

El Landscape Review de Carbon Measures reconoce que existen numerosas metodologías y estándares desarrollados durante años, pero también una fragmentación importante entre jurisdicciones, sectores y enfoques.

Por eso la discusión no consiste simplemente en desarrollar “otro estándar de huella de carbono”.

El desafío es mucho mayor:

Construir una arquitectura de información capaz de funcionar entre empresas, productos, sectores y fronteras.


¿Y qué papel juega Iván Duque?

Desde una perspectiva estrictamente técnica, es importante distinguir dos niveles.

El Technical Expert Panel es el órgano encargado del trabajo técnico y opera de manera independiente.

El Advisory Group, presidido por Iván Duque, tiene una función diferente: aportar perspectiva estratégica, ampliar la participación de policymakers, empresas y otros stakeholders, y ayudar a evaluar la relevancia práctica y la aplicabilidad del trabajo.

ICC señala expresamente que el Advisory Group no dirige las conclusiones técnicas del Expert Panel.

La relevancia de Duque, por tanto, no está en convertirse en autor de la metodología.

Está en ayudar a conectar tres mundos que históricamente han avanzado con velocidades diferentes:

Política pública + Empresa + Infraestructura de información climática.

Y esa conexión puede ser especialmente relevante para economías emergentes y para países profundamente integrados en cadenas globales de suministro.


¿Qué significa esto para Colombia?

Colombia no debería observar esta discusión exclusivamente desde la perspectiva de sostenibilidad corporativa.

Tiene una dimensión industrial y comercial.

Las empresas colombianas que exportan o participan en cadenas internacionales están cada vez más expuestas a requisitos relacionados con:

  • Trazabilidad;
  • Información ambiental;
  • Intensidad de carbono;
  • Debida diligencia de proveedores;
  • Requisitos de compradores internacionales;
  • Mecanismos de ajuste de carbono;
  • Estándares sectoriales;
  • Información comparable de producto.

Esto es particularmente relevante para sectores intensivos en energía y materiales: acero, cemento, aluminio, químicos, petróleo y gas , minería,  agroindustria, transporte y logística y también para las cadenas de suministro de empresas multinacionales que operan en Colombia.

El desafío futuro podría no ser únicamente:

¿Puede mi empresa calcular su huella de carbono?

Sino:

¿Puede demostrar, con datos suficientemente robustos, cuál es la intensidad de carbono de los productos que vende?

La diferencia parece semántica.

No lo es.

Es la diferencia entre reportar carbono y gestionar carbono como atributo económico del producto.


La próxima frontera: carbono como dato transaccional

La discusión que está impulsando ICC y Carbon Measures apunta, en última instancia, hacia una transformación más profunda.

Hoy muchas empresas recopilan información de carbono para elaborar un inventario anual.

En una arquitectura futura, la información podría acompañar al producto durante su recorrido:

Materia prima → Proceso → Componente → Producto → Cliente → Siguiente etapa de transformación.

Cada participante incorporaría información y recibiría información. La contabilidad dejaría de depender exclusivamente de una fotografía anual de la organización y comenzaría a incorporar una lógica más cercana a un sistema continuo de trazabilidad del carbono.

Esto podría permitir que el dato climático se conecte con sistemas que hoy manejan otras variables del negocio: ERP, procurement, supply chain management,  product lifecycle management, trade compliance,  financial planning, risk management y eventualmente, sistemas de pricing y decisiones de inversión.


La pregunta que queda abierta

La noticia sobre Iván Duque es importante. Pero probablemente no sea lo más importante de esta historia. Lo verdaderamente relevante es la pregunta que está detrás:

¿Puede el mundo pasar de una contabilidad del carbono basada principalmente en inventarios corporativos y estimaciones a una infraestructura de información que permita conocer, comparar y transferir el carbono asociado a cada producto a través de las cadenas globales de valor?

El Technical Expert Panel de ICC y Carbon Measures todavía está trabajando en esa respuesta.

Por ahora, no existe un nuevo estándar global resultante de este proceso ni una obligación regulatoria derivada de él. Pero la dirección del debate merece atención.

Porque si el carbono se convierte en un atributo medible, verificable y comparable del producto, sus implicaciones pueden superar ampliamente el ámbito tradicional de Sustainability.

Podrían alcanzar procurement, operaciones, supply chain, comercio internacional, financiación, inversión y competitividad industrial.

Y ahí es donde la conversación sobre carbono empieza a adquirir una dimensión diferente:

No solamente cuánto carbono emite una empresa, sino cuánto carbono contiene —en términos contables y verificables— aquello que el mundo compra, vende y mueve.

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